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Buenas tardes. Estoy honrada por haber sido invitada a compartir con ustedes esta celebración del centésimo aniversario de nuestras hermanas Franciscanas de Erlenbad. Su presencia aquí, este día, es un testimonio del apoyo que han dado a nuestras hermanas por tantos años. Nos reunimos hoy para celebrar el centésimo aniversario de la fundación de la Provincia de Europa de nuestra congregación internacional, Hermanas Escolares de San Francisco. En septiembre de 1907 el Papa Pío X aprobó el establecimiento de esta Provincia bajo el liderazgo de la Madre Alexia Hoell. Muchas gracias nuevamente por el apoyo que han dado a las hermanas Franciscanas de Erlenbad durante estos años. Esta no es una celebración solamente de los logros que las hermanas han obtenido en estos 100 años. También celebramos su fidelidad a la misión de Dios, que fue la fuerza que impulsó la vida de nuestra fundadora, Madre Alexia. La visión de la Madre Alexia para nuestra congregación y especialmente para la Provincia de Europa estaba enraizada en la misión de “dar, sanar y defender la vida.” En su publicación sobre la historia de las hermanas Franciscanas de Erlenbad, la Madre Archangela incluyó una carta escrita en 1976 por el Arzobispo Hermann de la Arquidiócesis de Freiburg: “Las hermanas de San Francisco de Erlenbad, vivieron de acuerdo con la mentalidad de la Iglesia. …No quisieron desarrollar una nueva espiritualidad, que se desviara del sentido de la Palabra, de la gracia y del amor, en una comunidad de hermanos y hermanas en Cristo. Ellas quisieron participar más plena y directamente en la misión de la Iglesia.…” El Arzobispo Hermann describió la determinación de las hermanas como “incansable en el alcance de la misión.” El legado de la misión de la Madre Alexia para esta Provincia se puede resumir en dos citas de la Biblia: “Como me enviaste a mí entre los que son del mundo, también yo los envío a ellos entre los que son del mundo.” Y “Yo he venido a prender fuego en el mundo; ¡y como quisiera que ya estuviera ardiendo!” Hay una historia sobre un Hermano joven que fue a hablar con un Hermano mayor sobre su vida. El Hermano mayor era conocido por su sabiduría y el Hermano joven quería saber más sobre cómo mejorar su vida. “Hermano” le dijo, “Rezo y ayuno. ¿Qué más puedo hacer? El Hermano mayor reflexionó por un momento, se puso de pie y elevó sus manos hacia el cielo y sus dedos se convirtieron en pequeñas antorchas de fuego y dijo; “¿Porqué no convertirse en fuego? El ardor de Cristo por la misión estaba vivo y ardiendo en el corazón de la Madre Alexia cuando regresó a su tierra natal para fundar la Provincia de Europa. Ella creyó firmemente que había sido “enviada” por Dios para comenzar la congregación general en América. Ella sabía que Dios la enviaba de regreso a Europa para comenzar una nueva Provincia. Siempre inculcó en sus hermanas la creencia de compartir la misión de Cristo. Su fuego, su espíritu de misión y su profunda confianza en Dios fueron dones que ella alimentó en las hermanas jóvenes. Estos dones continúan siendo parte de la vida y ministerio de nuestras hermanas hoy. Para cuando la Madre Alexia comienza sus viajes a Alemania, ya tenia claro que su comunidad no estaría limitada a una jurisdicción diocesana o a un solo país. Ella tenia muchos deseos de llevar jóvenes alemanas a los Estados Unidos para ampliar los ministerios de la comunidad entre la población de inmigrantes alemanes de la joven comunidad católica de los Estados Unidos. Su deseo más profundo era establecer un noviciado y una Casa Madre Provincial en Erlenbad. Cuando las autoridades en Baden no aprobaron su plan para establecer un noviciado, la Madre Alexia se fue a Luxemburgo. Allá abrió un noviciado y construyó una Casa Madre Provincial. Muchas mujeres jóvenes de Baden la siguieron a Luxemburgo. Durante los años anteriores a la Guerra, se aceptaban de 40 a 50 postulantes cada año. Luxemburgo se convirtió en el lugar de fundación de lo que es hoy la Provincia de Europa. Nueve años después, la Madre Alexia trasladó el noviciado y la Casa Madre a Estrasburgo y muere allá en 1918. Su último deseo fue que su cuerpo fuera llevado de regreso a Erlenbad en donde se encuentra hoy. Un año después de su muerte el Arzobispo de Freiburg aprobó el traslado del noviciado y de la Casa Madre Provincial a Erlenbad y siete años más tarde, las hermanas se mudaron a la Casa Madre Provincial recién construida. “Yo he venido a prender fuego en el mundo; ¡y como quisiera que ya estuviera ardiendo.” El espíritu de misión de la Madre Alexia la llevó a abrir 60 misiones en Baden entre los años 1904 y 1918 a pesar de las leyes del estado. Cuatro años antes de su muerte abrió casas para mujeres Católicas que estuvieran estudiando en las universidades. Un sacerdote biográfico escribió sobre ella, “La Madre Alexia tenía una percepción social inusual y entusiasta y mostró un gran entendimiento sobre aquellas preguntas candentes de su época.” (p.115) La Madre Alexia fundó una comunidad global que crearía sus ministerios en respuesta a las necesidades de los tiempos. La Comunidad en Europa creció rápidamente después de su muerte y los ministerios se expandieron a través del sur de Alemania, Suiza y Holanda. La Madre Alexia envió hermanas a las Islas Carolina, y la Madre Catherine las envió a la India y a Honduras. Hoy la presencia de nuestras dos Provincias de la India se debe al amor y apoyo de nuestras hermanas en la Provincia de Europa. “Como me enviaste a mí entre los que son del mundo, también yo los envío a ellos entre los que son del mundo.” A la luz de los cambios en la comunidad y en el mundo a su alrededor, en décadas recientes nuestras hermanas comenzaron un proceso de evaluación de sus ministerios. Queriendo ser fieles a su misión, ellas se preguntan: ¿Cuáles son las nuevas necesidades de nuestros tiempos? Nuestras hermanas saben que Misión en el siglo 21 de hoy, no se limita a atravesar océanos y ser enviadas a otros países. Misión, es trabajar con la gente de varias culturas e idiomas en nuestros propios países. Misión, incluye el proveer espacios para que la gente ore y desarrolle su espiritualidad a través de formas variadas. Misión, incluye cuidar a los desamparados, a los enfermos, y a los ancianos. Misión, es estar presente para personas de todas las edades que no tienen quien los escuche. Misión, es estar atento a las necesidades del planeta. Misión, es caminar con aquellos necesitados en colaboración con otros. Un siglo de misión ha terminado y la misión de Dios continúa llamando a las hermanas Franciscanas de Erlenbad. Que ellas continúen respondiendo en el espíritu de la Madre Alexia: “Estamos en el mundo para ser fuente de vida nueva, nuevo sentido y nueva esperanza.”
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